Descripción de la imagen

El Cristo de las Injurias es una escultura de bulto redondo, tallada en madera en tres piezas (cuerpo y cabeza en una sola pieza a la que van ensamblados ambos brazos), de tamaño mayor que el natural (mide dos metros de altura) y que representa a Cristo muerto en la cruz .

Su cabeza, ladeada hacia la derecha y abatida sobre el pecho, va ceñida con una corona de soga de la que salen largas púas de espino natural, una de las cuales atraviesa la piel de su frente, por encima de la ceja izquierda, dejando la piel tumefacta. La cabellera se bifurca en dos, de la que caen los mechones, uno de ellos sobre el hombro izquierdo, dejando ver la oreja, otros dos en el lado derecho caen al aire helicoidalmente para unirse en la punta. Los ojos, oblicuamente entornados, tienen la mirada perdida. La nariz, afilada; los pómulos; marcados, y la boca, entreabierta, dejando ver la cavidad bucal, la dentadura y la lengua. La barba, partida, está formada por puntas rizadas y aplanadas .

El costado derecho presenta una profunda llaga de la que cae una caudalosa lámina de sangre. El paño de pureza, de color blanquecino con una cenefa azul en los ribetes, está realizado en tela encolada y va muy pegado al cuerpo, formando finos pliegues; parte de él cae verticalmente adherido al lado derecho; otra parte lo cruza diagonalmente hasta el lado izquierdo, donde se anuda y cae de nuevo al aire . Va cosido a la cruz mediante tres clavos de hierro tres atemperado, sin concesiones a los recursos efectistas que añadirían, sin duda, mayor dramatismo. Y con ella una intencionalidad persuasiva o parenética: suscitar en quien la contempla el devoto sentimiento de compasión y de imitación espiritual. Se trata, en definitiva, de una figura serena y contenida. Su hermosura proclama de modo admirable la divinidad y humanidad de Cristo (verdadero Dios y verdadero Hombre), los misterios de su encarnación y de su pasión y muerte (compartió nuestra naturaleza humana y asumió nuestra condición pecadora), su gesta salvadora (nos libró de la Ley, el pecado y la muerte) y su labor mediadora (intercede continuamente por nosotros ante el Padre).

Por todo lo dicho, creemos que la talla fue realizada en torno a 1550". Guadalupe Ramos de Castro señaló como precedente de esta imagen otro Crucificado al que data entre finales del primer tercio del siglo XVI e inicios del segundo y que preside el retablo del Santo Cristo, ubicado en el lado de la epístola de la capilla mayor de la catedral zamorana. Francisco Javier de la Plaza Santiago y María José Redondo Cantera admiten que "un concepto similar del estudio anatómico informa ambos ejemplares". Las afinidades resultan evidentes sobre todo al comparar las coronas que ciñen sus cabezas, las expresiones de los rostros y el tratamiento muscular de las extremidades inferiores de ambas figuras . Añádase la policromía, que también parece haber sido realizada por la misma mano. Sin embargo, hay elementos que los diferencian. En el Santo Cristo el modelado del tronco es algo más blando; las piernas se disponen verticalmente, sin abatimiento lateral, y el paño de pureza, anudado a la izquierda es tallado, al igual que el borbotón de sangre que surge de la llaga del costado, recurso que remite a la tradición gótica y por tanto retardatario. Todas estas consideraciones obligan a fijar cronológicamente la factura de la imagen hacia 1540. Por otra parte, la contemplación del Cristo de las Injurias debió producir una fuerte impresión entre los escultores locales que, con clara intención pero con pocas dotes, lo imitaron en algunas de sus obras, especialmente en lo que se refiere a la disposición y expresión de la cabeza. Tales son los casos de los crucificados denominados Cristo de la Piedad de la iglesia parroquial de Gallegos del Río, y Cristo del Humilladero de la iglesia de Santa Colomba de Fermoselle. 


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